Rubia

Antes de ponerme el gorro feo ese de goma, para empezar a sacarme los mechones de pelo con una pinza, me pregunta si me la voy a bancar. Los tirones. El peluquero. Me estoy por hacer reflejos. Otra vez.
No pasa nada, le digo. Me miro y me corrijo la sonrisa en el espejo.
Entonces él me empieza a tirar del pelo y yo pienso, como piensa la gente: las rubias se divierten más.
Pienso, como piensa la gente: las rubias son tontas, las tontas se divierten más.
Pienso, como piensa la gente: morocha es más conservadora. Morocha es más misterio, más intelectual, más el común, el promedio. Nadie quiere el promedio.
Pienso, mientras me sacan mechones y me duele, pero no digo nada porque si me quiero ver como me quiero ver me la tengo que bancar, en que yo vendría a ser una promedio que se rindió. Una que se dio cuenta de que, aunque sea de a mechones, conviene ser rubia.
Pienso, como piensa la gente: mejor parecer un poco no saber. Pienso, como piensa la gente: mejor pensar como piensa la gente.
Mejor ser una chica Almodovar. “Un poco lista, un poquitín boba”. Todas quieren ser una chica Almodóvar. Y todos quieren una chica Almodóvar.
El peluquero me va sacando los mechones, tirando, con la pinza, por a través de la gorra. Todos esos mechones van a ser rubios. Cada mechón que me saca de la cabeza es una certeza que me elegí sacar de la cabeza.
Pienso, como piensa la gente: mejor ser una chica Almodóvar. Y lagrimeo, como Victoria Abril, porque el peluquero me está haciendo mal. No me quejo.
Después, me deja esperando.
Paso los dedos por las páginas de los tres últimos números de Gente.
Pasan los 30 minutos que me tarda ser rubia.
Me lava el pelo, el peluquero. Me seca, me peina. Me va diciendo, todo el tiempo: rubia rubia eh. Me va preguntando, todo el tiempo, cómo quedó, cómo veo que quedó.
Le digo que bien. Que buenísimo. Pienso, como piensa una chica Almodóvar: “una es más auténtica cuanto más se parece a lo que soñó de sí misma”.
Después; por fín, ya seco el pelo, ya rubio de a mechones; empiezo a dejar de pensar. Pienso, por última vez, como piensa la gente y como piensa la Gente con Wanda en la tapa: pensar es de morocha.
Pago y me voy caminando por Salguero, cuidándome de las baldosas rotas.
No sería la primera vez, si me caigo con estos tacos.
Igual, por supuesto, elijo usar tacos. Elijo, por supuesto, seguir queriéndome caer.
No hay chica Almodóvar sin tacones lejanos.

Pienso, como piensa la gente: todas quieren ser una chica Almodóvar.
Pienso, como pienso yo; haciendo trampa, mientras camino rápido, sin mirar para las vidrieras, sin que ningún vidrio me refleje que ya está, que ahora soy rubia: yo quisiera más ser Almodóvar.

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