Príncipe del manicomio

Ayer se murió, a nadie le importa, el Príncipe de la Patagonia. Phillipe Biory, heredero de Antoine de Tounens, el fallecido, a nadie le importa, Rey de la Patagonia.
En el colegio apenas te enseñan que hubo un intento de monarquía. Pero te dicen: en la Argentina. No te dicen en el sur. Te dicen: se propuso a un líder mapuche. No te dicen que fue un francés.
Después de eso, nada más. No es importante. No te vuelve a aparecer en los libros de historia de los colegios. Apenas se menciona en la universidad.
Hasta que, de casualidad, ya de más grande, si tenés suerte y te importa un poco el todo: te chocás con “La película del rey”, de Sorín. Y ahí te enterás de lo más importante: el francés, además de francés, era un loco.
Loco de verdad. Cuando los gobiernos argentino y chileno lo expulsan del sur, lo mandan a un manicomio en Estados Unidos. De ahí lo saca el consul de Francia y lo repatrían en su país. Ahí es cuando se funda el reino en el exilio de la Araucania y la Patagonia. Antoine intenta varias veces volver a sus mapuches, pero no lo dejan. Cuando muere, porque no tiene herederos, asume un amigo suyo. Seis o siete monarcas después, asume Phillipe I, el último príncipe, quien más vínculos, se dice, estableció entre el reino y las comunidades mapuches actuales. Todavía hoy, los mapuches se siguen vinculando con esta gente.
El reino hoy, funciona como ONG de viejos franceses que luchan por los derechos de gente desconocida, con la que no tiene nada que ver, que está en la otra punta del mundo.
Cosa de locos.
Por eso, uno entiende, pudo existir. Existe. El reino. Al menos por dos años. Al menos hasta ahora. Al menos desde el exilio. Nada más parecido a la razón, que la locura. Nada más razonable que seguir a un loco, que tan convencido parece de tener la razón.
El rey loco, sabía hablar. Se vestía de parisino cuando había que vestir de parisino y hablaba y vestía como un mapuche cuando tenía que estar cerca del pueblo.
El rey loco sabía prometer. El rey loco sabía. O creía que sabía. Cosas. Y los mapuches no sabían nada. Cómo no seguir a uno que parece que sabe.
El rey loco estaba loco. Parecía que tenía razón y no. Pero por mucho tiempo, mucha gente le hizo caso. Todavía le hacen caso.
Ya pronto estará por asumir un nuevo heredero.

 

 

La película del rey“, de Carlos sorín, en Imdb

Un rey para la patagonia“, online, de Lucas Turturro, el mejor documental del mundo, el monumento a los locos.

Príncipe del manicomio“, de Adrian Abonizio, por mis ovarios: Baglietto y Vitale.

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