Me crecieron las piernas.

Resulta ser que la mujer ya no quiere jugar al fútbol para parecerse al hombre.
Ahora la cosa es mucho más grave.
Quiere parecerse a Emilia Attias.
Las escuelas de fútbol femenino están repletas. Es por el mundial. Es por el feminismo. Es por la tele. Es por que sí, también, muchas veces es por que sí, tratándose de la mujer y todo. Es por un montón de cosas que no cambian a nadie. Las razones no. Jugar sí. La acción sí.
En el primer mundo, en el mundo del SOCCER, el fútbol se les enseña para ambos sexos en el jardín.
En éste, el país del FÚTBOL, de chicos nos trazan la raya de tiza y: chicos fúbol, chicas volley.
Pero así y todo, y sea por lo que sea, fijate como cada vez son más, dice la entrenadora. Y cuesta, cuesta bastante, porque la mujer no está acostumbrada a USAR LAS PIERNAS, dice la entrenadora.
¿Para qué usa la mujer las piernas? Para caminar, para nada más. Dice la entrenadora.
Y tiene razón.
Aunque no es cosa menor. Tiene razón. Pero no es cosa menor.
Las piernas de mujer tienen que caminar sobre dos pisos, el del mundo y al que la mujer se quiso subir.
Las piernas de mujer cargan con la carga de sostener una mujer.
Las piernas de mujer están acostumbradas a volar sin creerse alas. A volver siempre a pisar la tierra. A chocarse con la tierra.
A inventar con el taco el ritmo al que se deben mover las cosas.
A sostener a todo un cuerpo que depende de ellas, si la mujer decide enamorarse. Y a dejarse sostener, si la mujer decide enamorarse.
Las piernas de mujer tienen que acomodarse al sobresalto de todo el resto del cuerpo con cada sobresalto del corazón.
Las piernas de mujer abrazan mejor que los brazos.
Las piernas de mujer están acostumbradas a levantarse antes que la mujer.
A despertarla. A llevarla hasta donde tiene que ir.
A caminar. Por supuesto. A qué más. Caminar.
Que no es cosa menor.
Por eso es grave,
es mucho más grave,
poner a jugar a las piernas de mujer.
Darles tanto poder.
Le puede pasar de todo, a esta generación.
Le puede pasar de todo a la historia.
Pero todavía no, todavía están empezando. Están creciendo.
Como las del Diego, pero al revés.

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