Vi a una mina almorzando sola.

Me hubiera gustado que me avisaran que iba a ser un drama.
Deberían avisar, cuando empieza una vida, si va a ser un drama o una comedia.
Como Woody Allen.
Si hay jazz, es una comedia; si hay ópera, es un drama.
La misma typo, allenezca, serif, la misma forma de contarme quiénes van a estar y cómo se llama la cosa. La misma pantalla negra. El mismo modo de presentar las historias.
Pero escuchando cosas distintas. Así debería ser. Así uno sabe.
En la vida sólo nos toca el llanto. A veces más fuerte, a veces entrecortado. El llanto fuerte: drama. El entrecortado, irregular: jazz.
Pero nadie te sabe contar cuánto lloraste al nacer. Cómo lloraste al nacer.
Están todos demasiado concentrados en la felicidad.
Como Woody Allen, la vida. Va a ser una comedia (dramática) o un drama (cómico).
Alguien te lo debería contar. Me hubiera gustado que me lo cuenten.
Hubiera preparado mejor el corazón. Para saber que no soy comedia.
En las comedias no existe la escena de la mujer almorzando sola un domingo en la esquina más rosa de Palermo Sensible. Sin diario. Sin música. Sin libro. Sin computadora. Sin cuaderno a lunares para escribir. Hace mucho que no uso cuaderno a lunares. Hace mucho que no escribo.
Sin amiga que querer ver. Sin saber bien ganas de qué comer. Sin hambre.
Sin cine sola. Como antes de dejar de ir al cine sola. Sin pochoclo. Sin sed. Con un capuccino gigante. Sin maquillaje. Sin tacos. Sin abrigo. Siempre me olvido de que en la sala va a hacer frío.
Sin vos.
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