Fuego

Anoche se prendió fuego un departamento en Charcas.
Lo vi en la tele. Todo el balcón prendido fuego.
Entre Araoz y Julian Alvarez.
Ni me enteré. Y eso que volví a esa hora.
Sorda.
Con el sol.
Yo antes de vivir acá había vivido todo un año por Arenales. Y nunca fue lo de siempre, ni en la calle ni en yo.
Acá sí. Un par de pibes fumando, un par de viejos leyendo Clarín. Un par de palomas. Un portero dormido. El Papa cagándosenos de risa en el cartel de la iglesia.
El Papa es un rock.
Donde los rebeldes son el promedio, el Papa es rockstar cover of the rolling stones.

Fuego.
Tengo arena en las sandalias. La plaza Guemes es mi playa. De estacionamiento. Como todas las playas.
Cuando era chica me encantaba “Monigote en la arena”, de Laura Devetach.
La nena en la playa dibujaba un hombre en la arena con un palito.
Venía el viento y se lo llevaba. Fin.
La oda al amor de verano, todo ahí explicado en la infancia.
Verano. Humedad, bichos. Temporada de sapos. Y una se cree que puede ir por ahí besando príncipes.

Mi hermana encontro en un anotador suyo un papelito escrito por lo que era mi amor de secundario, que viene a ser un amor de verano con más meses.
Mery Christmas, decía.
En el secundario me decían Mery.
“Mery Christmas, te vas a Buenos Aires. Y a mí me encanta tu balcón.”

Todo el balcón prendido fuego.
Entre Araoz y Julian Alvarez.
Ni me enteré.

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