El más popular

Anoche tocaron Los Palmeras. Acá, en Palermo. En una de esas fiestas que se hacen de cumbia. Cumbia cheta. Porque la cumbia claro que no es una cosa que tenga que ver con Palermo, así como así, ni siquiera con punch punch punch de fondo, pero claro que Palermo, tan incluyente, es el maestro en palermizar todo lo que quiere. Lo hace fiesta. Lo institucionaliza. Le pone un logo, un fotógrafo, le crea una identidad, un estilo, lo llena de chicas rubias vestidas de Ay not dead y: voilá, tenés a Los Palmeras tocando en Groove. Llenando groove. Como costanera de la Setúbal, pero con Quilmes sin gusto a nada, en vez de Santa Fe con gusto a todo, y a orillas de un río de doble mano, a la altura de Oro.
Los Palmeras tienen una canción que se llama El más popular, que en realidad es de una banda de cumbia de Santo Domingo. Creo que era Santo Domingo. No importa demasiado de dónde específicamente. Sí importa, para lo que quiero decir, decir que no es un tema de Los Palmeras, pero tampoco es un tema de cumbia colombiana, o tema pop adaptado, como la música que suelen reversionar ellos. El más popular, es un tema hecho en una ciudad chica, casi pueblo, Santo Domingo o cualquier otra de Santa Fe, lugar donde se escucha cumbia, cumbia que habla de la cumbia, cumbia que habla del mundo que tiene como banda sonora la cumbia.
La letra habla, por primera vez en la historia, de la poesía en la dinámica de una plaza de pueblo,que consiste básicamente en: ir a mostrarse. Uno en el pueblo, de lunes a viernes, hace dos cuadras y ya se cruza con todo el mundo. En el pueblo no es necesario aparentar, todos sabemos todo de todos. Sin embargo la plaza es el lugar donde viernes, sábado y domingo, uno juega a ser otra cosa. Ser más. En la plaza hay otras reglas. Ahí se aparenta y se permite aparentar.
Para ir a la plaza las chicas se delinean los ojos. Los chicos se ponen perfume. Las amigas mujeres se agarran del brazo, y los amigos varones se arman tropas de motos y, todos, empiezan a dar vueltas. La mecánica es esa. Viernes, sábado, domingo, el jueves también puede ser. Se va hasta la plaza y se da vueltas alrededor. Vas viendo a todos, vas testeando. Saludás. Te hacés la linda, o te hacés el lindo, con el que sea que en ese momento te estés mandando mensajes. Y mandás mensajes para hacerte el lindo. En algún momento, bsucás un banco y te sentás. Para ver mejor pasar a los que siguen dando vueltas.
La plaza es el estribillo del pueblo. Y en el estribillo se rompe la estructura de lo que sea que viene pasando.
El más popular, la canción, habla de un pibe que anda con moto nueva, cheteando por el pueblo, con celular que siempre suena. Uno que “se cree el más popular, con amigos siempre está”. Pero la historia es sobre la mina que lleva en la moto: “esa chica que pasea, está presente en mi cabeza”.
Pasá un día por un pueblo. Un fin de semana. Todo lo que dice la canción es cierto. El amor de pueblo es una cosa que pasa a velocidad moto. True story todo. Incluso la estrofa que sigue, clásico romance clásico:
“Cuando él sale a bailar, a ella no quiere llevar”.
Dolor. Sufrimiento. Orgullo y prejuicio. El más popular pasea a la más linda, pero el paseo no significa amor. Al menos no para el más popular. El amor es cosa del que está sentado, viéndolo todo pasar. De el que canta la canción.
El estribillo viene entonces a romper la estructura de lo que viene pasando. Se alza el héroe:
“Y ahora yo, aprovecho la ocasión. Esa chica viene a mí, a mi coche va a subir. Esa chica está aquí y esta noche va a dormir conmigo. Y ahora yo, aprovecho la ocasión. Esa chica viene a mí, a mi coche va a subir. Esta chica está aquí y ese tonto está ahí, con sus amigos”.
Que no se diga, ahora, que yo digo que los pueblos son más lindos porque tienen cumbias, o tienen cumbias porque tienen plazas, o que en los pueblos la gente tiene estribillo, tiene día de la semana en que aparentar, en que salir a mostrarse, y la ciudad no. Que no se diga que yo no digo, que yo no veo, que Buenos Aires tiene cientos de plazas. Plazas con otra dinámica, pero plazas. Que se diga que lo que digo, trato de decir, es que la plaza del pueblo es lo que pudo encontrar el pueblo como para satisfacer la necesidad del momento de aparentar. Aparentar se quiere y se tiene como necesidad acá y allá. Y Buenos Aires no tiene plaza, pero Buenos Aires tiene: Palermo.
Mi plaza, la de Palermo Sensible, es para chicos que se juntan a fumar escondidos o para viejas que se ponen a mirar pasar el tiempo. Nada que ver todo eso con chicos que pasean chicas en moto y después las dejan antes del baile. Pero Palermo, todo, es una gran plaza de pueblo, un estribillo rompeestructuras. Es un after que dura cien cuadras. Un negroni después de las 6 que te pega mal y te deja tirada, pero en la casa del que no debés. Palermo es el más popular. Es uno que te quiere como peso en el asiento, pero que al baile no te lleva. Es traicionero, Palermo. Cuidado con Palermo, que a la cumbia te la hace evento, te le crea identidad nueva con estudio de diseño. Es una feria de artesanos con cara de feria de las naciones, es un collage de todas las ciudades que se cree Buenos Aires que es. Es lo que pudo encontrar Buenos Aires como para satisfacer la necesidad del momento de aparentar.

Feliz estribillo.

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