Electro

Cumplí 24 años. Se me pasó. Estoy vieja para Joven Promesa.
Cuando era chica, en los actos patrios, me acuerdo: todo el curso bailaba el candombe, todos negritos, pero dos nenitas y dos nenitos siempre bailaban el minuet. Yo envidiaba fuerte a las que bailaban el minuet. Quería ser francesa.
Y eso, esta es la peor parte, que a mi tampoco me tocaba bailar el candombe. A mí, me ponían a presentar. Yo era el bufoncito, a mi me daban a elegir: si quería, me vestía de dama antigua, si quería, me vestía de negrita. Podía hacer lo que quería, sólo tenía que cumplir la parte de hablar con la gente, hacer chistecitos, ser simpática. Era buenita siendo simpática. Nací para “simpática”.
Y me vestía, lo elegía, de dama antigua, claro. Quería ser francesa. Pero envidiaba igual a las del minuet. Porque aparecían vestidas igual que yo, pero sólo dos minutos. En dos minutos hacían todo lo que tenían que hacer y ya todos las iban a aplaudir por eso.
Yo tenía que ser simpática todo el acto.
Recién vi Spiderman 2. Lloré. No sé de comics. Nunca leí un cómic. Solo veo películas. Igual me gustan. Amo mirar películas. Y veo películas de superhéroes por la parte de película, por el héroe. No por la parte de súper, la acción. Yo a las películas de superheroes les sacaría todas las escenas de acción y les dejaría todas las tres horas corriendo y desarrollando la parte de explicarme a mí lo que es el drama de tener superpoderes. Tenés súperpoderes, boludo. Superpoderes.
Nunca leí comics. Es probable que esté diciendo cualquier pelotudes. Pero también vi la semana pasada Guardianes de la galaxia y le dije a mi amigo que fué conmigo: hay dos formas de tener superpoderes, el sufrimiento o la fiesta. Yo que amé las Batman de Nolan por el drama (menos la última,) por el sufrimiento de tener poderes, cuando no te lloro con un Guardianes de la Galaxia o un Avengers puede que te diga: esto no te hace llorar pero está igual de bien porque esto no es el drama de tener superpoderes, esto es la fiesta de tener superpoderes.
Simpática, Guardianes de la Galaxia.
Recién vi Spiderman 2 y sabiendo lo que iba a pasar con Gwen, creí que iba a llorar por Gwen. Cumplí 24, ayer, me pasé de cerveza todo el fin de semana y ahora estoy engripadísima, tengo paracetamol, ibuprfeno, qura plus, te vick y mucho moco adentro de la panza. Era muy probable que llorara con Emma Stone muriendo.
Pero no me movió un pelo.
Ahora: lo del nene. Eso, al final. Eso es otra cosa.
Qué increible, trascender. Qué imposible, trascender. Para qué, digo yo, morimos, en forma de vivir, por trascender.
Cumplí 24 años y todavía no sé trascender. Ni si está bien buscar trascender. Pero sigo queriendo ser la que bailaba el minuet dos minutos. Me chupa un huevo ser simpática todo el acto. O los 5 actos que dura una vida.
Qué fácil confundir la esperanza con la trascendencia.
El nene del final de Spiderman, es otro Electro. Uno que parte de la mirada, del que admira, y de la no-mirada, del mundo. De las ganas de ser protagonista. Electro, pero en nene. Todavía inocente. Disfrazado de esperanza.
Tengo 24 años y estoy vieja para joven promesa. Y se me está yendo la inocencia.

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