La prima de Cortázar

A los 13 me dijeron eso que te tienen que decir -por favor dígaselo a su nene, señora- para que termines algún día creyendo en vos: “eso que escribiste me hace acordar a Cortázar”. Porque desde los 13 a los 15 -tiempo en que: o te enterás quién sos o te enterás quién sos- entre las cosas que te descubrís adentro, tiene que estar Cortázar. El adolescente que no sueña ser Cortázar, que no se pone bordó cada vez que evita un punto y aparte al escribir, no va a soñar con nada nunca. No tiene cabeza en el corazón.
(punto y aparte) O bien no le interesa escribir.

Por supuesto que Cortázar es adolescente. Es una cosa adolescente. Adolescer podría decirse también acortazar.
Un adulto que siendo adulto descubre a Cortázar -no conozco, no sé si existen- me sabe a cuarentón recién divorciado de la novia del colegio.
Cortázar se lee precoz. Cortázar desprecozisa.
-Que no se piense igual que niego amar a Cortázar a los 50, por ejemplo. Por supuesto que está bien adolescerse un Historias de cronopios y famas a los 50 antes de dormir.-

El verano pasado conocí a una prima de Cortázar que está en el top 5 de las señoras mayores más lindas que conocí en la vida. Y no por ser la prima de “Julio, mi primito el zurdo”. No lo conoció, no lo llegó a conocer, el padre de Julio era una cosa muy lejana a su mamá, hermana del padre de Julio. Lejano en mundo. Geográfico y mental.
Los otros hermanos, los otros Cortázar, la habían ninguneado un poco, no me acuerdo como, no me acuerdo bien por qué, a la mamá de esta señora. Me acuerdo, sí, que así y todo, así como la habían dejado afuera de cosas y todo, ella nunca había había dejado de querer a sus hermanos. Si su hija hablaba con amor de sus tíos, entonces su madre le había hablado con amor de sus tíos.
Su hija, ahora, el verano pasado, me contaba todo eso. Toda la historia de su mamá y sus hermanos. Haciendo fuerza, igual, por no contarme todo eso, y sí revolverse la memoria buscando qué contarme, de lo poco que sabía, que le habían contado, sobre Julio. Porque claro, yo venía a preguntarle por él, no por su mamá.

Nunca lo conoció, nunca lo leyó.
Me mostró fotos, las pocas fotos que tenía, de la abuela de Julio y del padre de Julio. Primero. Y después las fotos más lindas que tenía, de su mamá.

A los 18, te graduás de querer ser Cortázar y entrás en la etapa de que ojalá te digan -por favor dígaselo a su alumno de puan señor profesor- que lo que escribís hace acordar a Borges. Mi señora genia prima de Julio, en sus 81 -y un poquito más-, sólo quiere parecerse a su mamá.

Ahora, a los 24, en mi top 5 de gente que quiero ser algún día, ella está seguro. Cortázar, no sé.
Cambio todos los puntos y seguidos del mundo por caminar perfecta con tacos cuando sea abuela y querer parecerme a mi mamá.

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2 thoughts on “La prima de Cortázar

  1. Sos de lo más genia que hay! Hoy se lo leo y vas a poder decir orgullosa que hiciste llorar a la prima de Cortázar; a la sobrina nieta dalo por descontado….

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