Ejercicio Escrito

Cada tanto paso por el Museo del Bicentenario a mirar el Ejercicio Plástico de Siqueiros.
Hoy me hizo pensar en vos.

.

No me interesa ningún otro arte que no sean las historias. Mi capacidad de asombro nació limitada a la narración. Leer y escribir.

Me asombra la música en tanto narre, me asombra el cine en tanto narre, me asombra la imagen en tanto narre.

Siqueiros pintó su Ejercicio Plástico calcando imágenes proyectadas en un sótano de Torcuato.
La forma que mejor conozco y mejor me sale, también a mi, de contar algo o inventarme alguien, es escribiendo sobre lo proyectado.

Cuando sacaron la obra de Siqueiros de su cueva y la restauraron para exponerla en el Museo, volvieron a colocarla en un sótano.
Lo clandestino, nacido en la oscuridad, debe permanecer en la oscuridad.
La luz destruye su belleza.

.

Así fuiste vos para mi.
Mi ejercicio escrito.
Así quise hacer las cosas.

Calcarte. Clandestino.
Lo dispuse incluso antes del primer boceto de beso.

.

Sin absolutamente nada para contar sobre vos, te proyecté en la cueva más oscura de mi cabeza. Cuidando cada detalle. Porque eso es lo que uno hace cuando decide que se va a enamorar, a diferencia de cuando sin más se enamora: procura minuciosamente no salirse de la línea. No salirse de la proyección.

Todo un verano.
Temblando arriba de una escalera demasiado alta, con el pincel en la punta de los dedos y la nariz a un milímetro del cielo raso, intoxicada del olor a pintura con la que te dibujé desde el pie hasta el alma.

.

Hoy que sos parte del Museo de lo que ya pasó, cada tanto paso a mirarte. Igual que cuando paso a ver el mural de Siqueiros.

Siempre me das las mismas ganas de llorar. Por tan proyectado que sos y tan poco mío que parecés.

Me quedaste raro. Incompleto.  Nunca nadie me había quedado tan incompleto.

 

 

Advertisements

Reputación.

Si me termino este vaso
voy a terminar cruzando todo el salón
para clavarte el índice en el pecho.

Si me termino este vaso
de gin tonic mal preparado,
pierdo contra el café perfecto,
noble,
de mi volturno esta mañana.

Me vas a mirar fijo,
otra vez,
sin contestar nada que me sirva,
otra vez,
sin darme ningún motivo
para volver a mi banco
y de ahí a mi casa,
de ahí a mi tarro de aspirinas,
de ahí a mi inocencia,
de ahí a mi vestido rosa de quince.

Si me termino este vaso
voy a terminar dándoles el gusto
de ser
la que te contaron que soy.

Qué

Nunca te enteraste pero un día que llovía y ni te movías de la almohada me fui.
Te dejé.
Con el paraguas amarillo, porque todavía no lo había perdido.

Caminé hasta la Plaza Mafalda, que es adonde voy cuando creo que voy a explotar. Siempre termino ahí, porque es lo más cerca de mi casa.

– Y es que yo aprendí a leer con Mafalda. Y es que Mafalda es mi casa. –

– Quino no podría imaginar lo que significó en mi vida que hubiera elegido escribir con imprenta mayúscula. –

Había una parejita. El chico con camiseta de Boca. En ningún momento dejaron de besarse. Toda la media hora que estuve ahí, ellos en esa pausa. La más perfecta. Todo antes y después del beso es drama.

No sabía, cuando me mudé, que este barrio iba a ser tan mío. Que me iba a sentir tan querida. Que todo lo que necesitaba era una cafetería que me despierte y una cervecería que me hiciera dormir.

El barrio es como el beso entre la ciudad y el pueblo. La pausa más perfecta.

Qué se sentirá ser vos, hoy, quisiera saber, pasando por mi barrio sin la llave de mi casa en el bolsillo.
Cruzando mi calle.
Mirando a mi portero a los ojos.

Taliesin

Si es por mí, vamos.
Ahora.
Con la inercia que nos quede del café que nos estoy sirviendo.
Ahora, que estoy bien vestida.
Ahora, que te agarro contento
porque ganó la Juve.

Vamos a Torino.
Vamos a la Piazza del Castello.
Quedate mirando las casas de los Saboya.
Y yo le pido a San Lorenzo por los dos.

Vamos, si es por mí.
Que acá se queden
contándola como quieran.

Vamos.
Veamos todo lo que hay afuera.
Enamorémonos de todo lo que combine
con nosotros.

Que no nos quede nada sin desear.

Vamos.
Así cuando volvamos,
(si es por mí, volvamos),
construimos una casa
que se parezca a todo lo que recordamos
haber deseado alguna vez.

Te doy una canción

Pero de cancha.
No una de verdad, hippie, como Silvio Rodriguez.
Si total, de las sombras, vos no vas a salir.

Te doy una canción para cantar de a muchos,
porque cuando te quise yo era un montón de gente.

Una canción para cantar saltando,
sin aire,
desafinada de cerca,
coral de lejos.

Una canción que diga que de la cuna hasta el cajón,
vos y yo.

Aunque yo pasé de dormir con mamá a dormir en cama.
Y de mi última cama, quiero pasar al viento que sopla por arriba
de Los puentes de Madison.
Como Meryl Streep.

Para qué cuna y cajón,
si no hay vos y yo.

Como Meryl Streep,
cuando no se anima a abrir la puerta de la camioneta.

Yo tampoco abro la puerta.
Si total, de las sombras, vos no vas a salir.

Mi año del pensamiento mágico

Hace un año me mudé. Me avisó Facebook.
Hace un año me obsesioné con decorar. Nunca me había importado cómo se veían las cosas, pero hace un año que quiero que mi casa sea una casa de verdad, no una de paso.
Hace un año me compré El año del pensamiento mágico.
Hace una semana lo empecé. Hace un día lo terminé.
Me acuerdo porque, hace un año, fui a comprar bambú al barrio chino. Obsesionada por las plantas en botella. Obsesionada por cómo se veían las cosas.
La chica que me vendió el bambú tenía El año del pensamiento mágico en su mesa.
Es el libro que tengo en la cartera, le dije.
Hace una semana, recién, me animé a leerlo.
Hace un día lo terminé. Un libro. Un año.
Hace un año me estoy velando.
Hace un día terminé mi duelo.
Te sientas a cenar y la vida que conocías se acaba.

Quién

Mi contrato dice que me llamo Eña.
Así que no puedo cobrar.

Mi DNI dice que vivo en Santa Fe.
Mi Monotributo dice que vivo en Soler.
Mi Obra Social dice que vivo en Niceto.

Tengo las raíces morochas.
Tengo las puntas rubias.
Tengo la piel blanca.
Tengo las uñas negras.

Mi uniforme de visitar a mis papás es mi buzo de egresados.
Mi uniforme de estar en casa es tu remera de Los Ramones.
Mi uniforme de salir al mundo es mi campera negra gigante.

Desayuno café en la taza de Mafalda.
Ceno té en la taza de Mafalda.

Mi tercer lugar en el mundo es cruzada de piernas en el 93 a las 9 de la mañana. El asiento más alto. El que está arriba de la rueda. Ventanilla. Y que pegue el sol.
Mi segundo lugar en el mundo es horizontal arriba de mi sillón rojo.
Mi primer lugar en el mundo es horizontal arriba de vos horizontal arriba de mi sillón rojo.

Volturno

No encuentro la forma de lo que quiero decir.
Porque decirlo puede matarlo. Decir cumple y decir mata. Decir hace verdad todo.
No encuentro la forma de hacerte verdad. Por miedo a que seas verdad.
Lo tengo entre el esófago y el estómago. Ahí donde empieza la magia el café.
Lo tengo entre las costillas. Las de para colgarse.
No encuentro la forma de decir lo que nunca me pasó.
No encuentro la forma de decirte y que no te vayas.

Logline de vos.

En Recoleta, que nunca me hizo bien, mientras la luna entraba en Acuario. Tenía la piel toda llena de sol y el cuello todo lleno de carnaval. Y con la mano me preguntó a dónde iba. Y me dijo de dónde venía.